Nutrición y emociones: ¿cómo entender y manejar esta compleja relación?

Nutrición y emociones están relacionados y se influencian recíprocamente. Si es cierto que los alimentos impactan nuestro estado de ánimo, también podemos afirmar que las emociones tienen mucho peso sobre nuestras elecciones alimentarias.

Pero la comida que escogemos para alimentarnos puede afectarnos también a otros niveles y de forma positiva o negativa.

Muchas personas saben qué alimentos son buenos para la salud o, al menos, tienen una idea de lo que no es saludable. Aun así, a menudo, sus elecciones a la hora de comer no siempre son coherentes. 
¿Por qué comemos alimentos que afectan negativamente a nuestra salud o estado de ánimo? En este artículo contestamos a esta pregunta y analizamos más detalles de este vínculo entre alimentos y emociones.

La compleja relación entre alimentos y emociones

La alimentación va más allá nutrir nuestro cuerpo con los alimentos que sabemos que son buenos para la salud. Comer es una acción que tiene efectos sobre nuestra salud, también impacta nuestros sentidos, emociones y relaciones sociales.

El acto de asociar la comida a determinadas emociones o situaciones es algo que aprendemos incluso en temprana edad, cuando aún no somos conscientes de lo que es saludable y lo que no lo es. Esta conducta se asocia con un hábito primitivo del ser humano que consiste en buscar el placer para evitar el dolor. Es parte de nuestro sistema de autopreservación que también está presente en la mayoría de los animales.

En el caso de los alimentos y las emociones, nuestro cerebro ha aprendido que determinados alimentos producen sensación de placer. Como consecuencia, en ocasiones los buscamos y los comemos ya no por hambre y con el fin de alimentarnos, sino para placar emociones y sentimientos negativos, que nos hacen sentir incómodos. 

Rabia, tristeza, aburrimiento, frustración, culpa, ansiedad, estrés y eventos negativos… Todas las emociones y situaciones que nos producen sensaciones poco placenteras representan el dolor que nuestro cerebro quiere evitar.

También, puede ocurrir al contrario, es decir, evitamos comer para reducir el dolor que nos provocan determinadas emociones.

Y, desde luego, los alimentos pueden afectar a nuestra emociones y salud alterando nuestro equilibrio a varios niveles: físico, energético, anímico y mental.

¿Sabes qué es el alimento emocional? Sigue leyendo, te lo explicamos en seguida.

El alimento como “remedio” para gestionar emociones negativas

Normalmente, las emociones (negativas y positivas) no son constantes. Desaparecen momentáneamente, pero vuelven, es algo normal. 

Sin embargo, cuando se crea el hábito de evitar los sentimientos negativos con los alimentos (o con la supresión de estos) se crea una dependencia peligrosa. Por un lado, alimentarse en exceso o poco, tiene efectos sobre la salud y produce enfermedades. Por el otro, no estamos trabajando el problema a la base: la gestión de las emociones negativas.

Evidentemente, este es un análisis superficial y muy breve del nexo emociones-comida, que es algo muy complejo que estudia la Psicología de la alimentación. 

Tampoco es correcto decir que asociar la comida a determinados estados de ánimo o situaciones es el problema. De hecho, quitarnos el placer de celebrar un cumpleaños con un pastel, o dejar de disfrutar de una comida que nos gusta porque sabemos que no es tan saludable, tal vez sería mucho más problemático.

La cuestión es ser conscientes y saber que es algo que hacemos puntualmente por puro placer y no para evitar el sufrimiento que nos producen ciertas emociones.

La nutrición emocional y la obesidad

“Comedor emocional” y “comer emocional” son términos que hacen referencia al desequilibrio en la gestión de las emociones que hemos mencionado en el apartado anterior.

Existen muchas investigaciones que han analizado la alimentación emocional para encontrar soluciones a problemas como la obesidad y los riesgos que conlleva.

En un análisis realizado por la doctora Ana María Palomino-Pérez de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, se destaca el papel de las emociones en la “elección, calidad y cantidad de alimentos ingeridos, lo que llevaría al aumento o disminución del peso corporal.”

Utilizar la comida para afrontar sentimientos que nos hacen sufrir, según este estudio, sería un hábito disfuncional más común entre mujeres y personas obesas.

Otro aspecto interesante que se ha encontrado tras la revisión de investigaciones recientes es que el control de la cantidad y calidad de alimentos ingeridos se puede gestionar trabajando a nivel emocional.

Cuando los alimentos afectan a las emociones

Los alimentos que producen sensaciones placenteras suelen ser aquellos ricos en azúcares y grasas. Desde el punto de vista de las emociones y la comida, cuando comer estos nutrientes se transforma en un hábito para aliviar emociones negativas o superar situaciones estresantes, aumentan las probabilidades de obesidad. La obesidad, a la vez, es una patología que puede alimentar emociones como ansiedad y depresión.

Se instaura así un círculo vicioso, en el que los alimentos reconfortantes, ingeridos para reducir emociones negativas, acaban generando más emociones negativas y sufrimiento.

Pero la depresión puede estar relacionada con ciertos alimentos incluso en individuos que no son comedores emocionales.

Según una revisión de estudios publicada por la Mayo Clinic, las personas que siguen una dieta poco equilibrada, rica en alimentos procesados (grasas, harinas y azúcares refinados) son más propensas a padecer síntomas de depresión. 

Afortunadamente, también, hay evidencias de lo contrario. Por lo que una alimentación equilibrada rica en frutas y verduras y otros nutrientes de calidad y frescos, reduce el riesgo de depresión y otras enfermedades.

Otras investigaciones han hallado que los alimentos también influencian nuestro estado de ánimo, dependiendo de cuánto encajan con nuestras expectativas. Una comida demasiado pequeña, inusual o poco saludable, afectaría negativamente al humor.

La importancia de la dieta en el tratamiento y prevención de enfermedades

Todo lo anterior nos indica cuánto es importante cuidar nuestra dieta y emociones desde la infancia. 

Tanto la gestión emocional como los nutrientes que ingerimos pueden tener impactos importantes y a largo plazo, así como contribuir a mejorar nuestra calidad de vida y prevenir enfermedades.

Simples ajustes dietéticos como incluir frutas y verduras frescas en nuestros platos son medidas genéricas y recomendadas para personas de todas las edades.

Sin embargo, como ya hemos mencionado en este artículo, en el equilibrio entre emociones y comida entran en juego muchos elementos. 

No todos los alimentos son buenos para todos, ni todas las personas reaccionan de la misma manera a un determinado nutriente. Las alergias e intolerancias alimentarias cada vez más frecuentes nos indican la importancia de un enfoque personalizado cuando se trata de cuidar la alimentación.

Entonces, ¿qué podemos hacer para alimentarnos correctamente?, ¿cómo podemos reconocer las conductas del comedor emocional o detectar los alimentos que alteran nuestro equilibrio?

¿Cómo es tu relación con la comida?

Construir una relación consciente con los alimentos es clave para entender y detectar conductas dañinas y problemas relacionados con la alimentación, ya sean estos causados por los alimentos o debidos a otras causas subyacentes.

La Kinesiología Nutricional a través de pruebas no invasivas, técnicas y pautas personalizadas te ayuda a entender y trabajar esta relación alimentos y emociones, cuidar de tu salud y complementar tratamientos desde un enfoque nutricional.

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